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Dieta antiinflamatoria

La dieta antiinflamatoria prioriza alimentos naturales, antioxidantes y ricos en omega-3, mientras limita ultraprocesados y azúcares, contribuyendo a reducir la inflamación crónica.

Cuando hablamos de “dieta antiinflamatoria” no nos referimos a un menú milagroso, sino a un patrón alimentario estable en el tiempo —muy cercano al mediterráneo y al DASH (siglas en inglés de Dietary Approaches to Stop Hypertension, que en español se traduce como “Enfoques dietéticos para detener la hipertensión”)—, rico en verduras, frutas, legumbres, frutos secos, cereales integrales, aceite de oliva virgen, pescado azul y especias; moderado en lácteos y aves; y bajo en ultraprocesados, azúcares añadidos, harinas refinadas y carnes procesadas.

Este estilo de alimentación se ha asociado a menor inflamación sistémica y a un mejor perfil cardiometabólico, especialmente en obesidad, diabetes e hipertensión. Ensayos clínicos como el DASH demuestran reducciones significativas en la tensión arterial, y la dieta mediterránea muestra beneficios en marcadores inflamatorios. En dolor crónico y fibromialgia, algunos estudios sugieren mejoría en dolor, sueño y energía.

La cúrcuma y el jengibre pueden ser coadyuvantes, siempre bajo supervisión médica. Respecto a infecciones virales como gripe o COVID-19, no actúa como antiviral, pero la calidad dietética se relaciona con menor riesgo y gravedad. En infecciones bacterianas, puede favorecer la recuperación, pero no sustituye al antibiótico cuando está indicado.

Claves prácticas:

  • Priorizar vegetales, proteínas de calidad y grasas saludables.
  • Ajustar la dieta a necesidades individuales, con seguimiento médico.
  • Mantener la constancia en el tiempo.
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